Chimeneas de Saltaire.
Alcánzame tu mano, Rosebud, y deja que te ayude a remontar la cuestra pedregosa.
Aférrate, liviana Rosebud, a mi zarpa de hombre ya cansado
e inquiramos juntos desde lo alto de esta loma las chimeneas humeantes de Saltaire.
Otros cerros de Inglaterra nos contemplan, mas nosotros miremos haca el valle
donde las fabriles bocanadas grises se alzan hasta confundirse con el cielo
–son de igual color–,
y que este aire cálido estival nos reviva aquí en el norte.
Aire cálido del norte, Rosa de York, nos acaricia el rostro en los collados de Saltaire.

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